
Fotos originales: aquí y aquí
Primero fue un juego de verse, como a ciegas tanteando el espacio.
Fue exactamente eso.
-¿Venís?
- Está bien
- Hablemos
Y las horas.
Fermín en el piano esparciendo melodías por la sala y Alessia en el sofá dejandose comer por un concierto a capella.
-Mañana
-Sí.
Y las ganas. Fermín, el músico de piedra, el de
l’autre côté du monde, el del traje engomado, impecable, el de mañanas de resaca y lencería tirada en el piso. Y se sabía su nombre. Empezar todo en suspenso, con los ojos bien abiertos, mordiéndose un labio inferior y las manos en los bolsillos por aquello de las dudas. Después llegó la dedicatoria.
Comenzar a meter la mano, la saliva vieja de días como un río de peces gimiendo por aire, el relámpago, la fuga de tarde, los pies como raíces amazónicas, abdomen hundido y erguido, yema cálida, voraz.
Crescendo.
Alessia en la sala, Fermín en el piano. El piano solo. Alessia y Fermín.
-Hoy no puedo.
-Está bien.
Alessia por el bulevar y lo oyó. Entró al anfiteatro y estaba. La luz tenue que le caía por el brazo derecho en medio del escenario.
-Esta la escribí hace años.
Era la que le había compuesto, al desayuno, en la noche ardiente. Íntima entre serpientes venenosas. Los ojos cerrados, la piel encendida, el tacto omnipresente. Se sintió enserio, como sirena en un barco pirata. Pero empezó a cambiar el ritmo, descender la intensidad, se extrañó, porque esa ya no era la suya. Las notas calladas dando golpes secos, crucificando. Abrió los ojos y notó a la cantante sobre el piano. El vestido rojo, con silueta de revista. Entonaba dulce directo a los ojos de Fermín y el otro le sonreía con hambre, como derramándose a pedazos y entregando fragmentos que ya había dado en alquiler.
Después se volvió otro idioma, un dialecto incomprensible, un hablar en claves y señales de humo. A Alessia la mano le tembló, dudó. El vientre se le empezó a quemar, los muslos gritando ausencias, la pelvis inmóvil, las huellas perennes, ahora borrosas. Alessia ya nunca. Los dejó reír, revolcarse en melodías de clase A. Salió.
Se lavó la cara de la baba que le habían escupido hace días. El estómago pirotécnico vaciando ácidos tóxicos. Una prenda más en el piso de un placard de músico. Organeta de segunda mano.
-Estás guapa.
-¿Para qué?
El piano desafinado y el silencio.